Entraba ayer en el metro, tan inmersa en mis pensamientos que tardé en reparar la cantidad de gente que había aquella mañana, que por cierto, había amanecido triste y nublada, terriblemente lúgubre, pero con un matiz romántico, muy romántico diría yo.
Un simpático muchacho se levantó para cederme su sitio y acepté, pues las rodillas me gritan furiosas cuando llevo un buen rato sin moverme. Sin embargo, no era su obligación hacerlo, ¿qué obtenía con ello? Podría ser:
a) Por buena educación. Sus padres se lo inculcaron y él comenzó a hacerlo o bien imitándoles o bien porque así conseguía su aprobación y cariño (mis nietos saben de buena tinta que si me corresponden obtienen un dulce).
b) Porque se identificaba conmigo y pensaba que cuando él tuviera mi edad, le gustaría que le ofrecieran el mismo trato. Una acción curiosa y mágica, ya que ese acto para nada le asegura que cuando él tenga mi edad haya un muchacho igualmente servicial que le ofrezca un apoyadero (o “apoyaDURO”) donde reposar su trasero.
Chascarrillos aparte… me fijé también en las pegatinas de “asiento reservado” que seguro, suscitan muchas opiniones en la gente. Sobre todo el de la madre con su bebé, ¿y si es un padre con su criaturita? O el del abuelito con la terrible cifosis que, cada vez más cercano al suelo, se apoya en su bastón (yo no llevo bastón con que en realidad, no tendría preferencia para sentarme, ¿no es cierto?). Y luego está el de la muchacha o muchacho haciendo gimnasia en las barras paralelas, que pondría como prioritaria, ya que ha de tener los brazos terriblemente cansados.
Y sin más dilación, un pequeño comentario sobre la cantidad de rostros angustiados, tristes, penosos, serios, … , me gustaría poder leer qué ideas y pensamientos cruzan sus mentes… y poder tocar internamente algún circuitillo de su cerebro para que dibujaran una sonrisa… de esas brillantes que te alegran el día… llegué a mi estación. 
Sin duda esos mecanismos internos formadores de sonrisas se dispararon en mi organismo a día de hoy, que leo y releo a la sabia Alise.
ResponderEliminarEs probable que el chico fuese de ese tipo de gente entrañable que te puedes encontrar por casualidad en cualquier parada de metro, de ni se sabe que maravillosa ciudad . . . ;)